Una familia consultó muy angustiada porque en los tres meses de vacaciones de su hijo de 14 años lo vieron salir de su casa para juntarse con amigos 4 veces. Se los observó muy angustiados y asustados, mencionaron una fuerte discusión los días previos a la entrevista en la cual le dijeron muchas cosas hirientes a su hijo. Pude observar serias dificultades para comunicarse y tratar de entender de qué forma y por qué medios su hijo se está vinculando actualmente con este mundo hiper-digitalizado.
El adolescente estuvo muy nervioso en la primera consulta, asustado porque sus padres le dijeron que “estaba aislado y que podía terminar deprimido”. Me dijo que buscó información en Chat-GPT sobre qué es la depresión y que él piensa que no se siente así, pero, que la forma en que sus padres le hicieron dudar. Al indagar sobre sus vínculos y actividades, comentó naturalmente que con sus amigos está todo bien, que juegan todos los días y que incluso hay algunos que están peores que él (en cuanto a la socialización cara a cara). Comentó que él es quien organiza por la mañana los torneo de FIFA en la play y les dice a qué hora le toca a cada uno su partido. Sí reconoció que a veces tiene ganas de salir a comer con ellos o jugar al fútbol 5, pero que la mayoría nunca tiene ganas y que eso lo desmotiva.
Este caso es una muestra en la cual convergen las formas en las que los adolescentes del mundo de hoy se vinculan. Atrás quedó la época de las noches largas de verano jugando o los planes de salidas eternas por plazas, shoppings u otros espacios. Han disminuido drásticamente las juntadas en casas entre amigos/as, al contrario, éstas resultan incómodas para la mayoría, o bien, quienes asisten, se refugian en el celular durante todo el evento.
Los distintos dispositivos tecnológicos que performatizan la vida actual y las modalidades de vínculos, tienen dos aspectos -a priori- disonantes: por un lado, nos unen más que nunca (con wifi y un cargador podemos accedera mensajes, fotos, vídeos, videollamadas, etc, sin límites), y, por otro, nos llevan cada vez más a una soledad alienante que exacerba frustraciones y ansiedades.
La vinculación ocurre, si, pero, en el mundo digital. Esto supone, a ojos de los tutores/adultos, un escenario difícil de descifrar (y está bien, todos vemos el mundo según nuestros lentes, y nuestros lentes nos dicen que “vacaciones” es igual a “salir con amigos”). La respuesta es ambigua: si se vinculan, y todo el tiempo, pero al mismo tiempo están solos.
Pensando en herramientas concretas que permitan un adecuado acompañamiento, se puede pensar en:
Es importante comprender cuáles son las reglas del juego, para poder acercarnos a hablar con los adolescentes, pero sin atacar ni quitar las banderas que definen su época… es solo los alejaría y aislaría más. Es importante hablar, sin prejuicios y con información, buscando el diálogo y la reflexión. Y, por último, generar acuerdos que integren la vida con pantallas en un equilibrio con vínculos cara a cara.
Lic. Ferreira Lautaro
MP N.º 328