“Noche de paz… noche de amor” dice el famoso villancico austriaco creado por el sacerdote Joseph Mohr, y es de esperar que culturalmente se haya asociado a la navidad en particular y a las fiestas en general con todo aquello que nos resulta positivo, o agradable. De hecho, hasta podríamos decir que esto es así, de no ser porque todos tenemos una historia. En una época tan cargada de emociones muchas cosas se ponen en juego: los problemas que tenemos, las personas que extrañamos, aquello que anhelamos y no hemos podido conseguir, los rencores sin resolver y muchas otras cosas que podríamos denominar “los asuntos pendientes”.
En este contexto en el que las personas interactuamos y sentimos cosas en esas interacciones casi siempre se termina escuchando que la unión es lo mas importante, que se deben olvidar las ofensas, que es sumamente importante disfrutar de la gente querida, porque luego podrían no estar, como si la única manera de lograr los vínculos fuese a través de la culpa. Incluso podríamos recordar el famoso programa humorístico “El chavo”, en donde la frase “en navidad no se pega” lograba que de repente Doña Florinda, que siempre había maltratado a Don Ramón, se mostrara de repente mas compasiva con este, solo para volver a agredirlo cuando toda la algarabía había cesado.
Ahora bien, todo esto no se está planteando porque sí. Si tenemos en cuenta que las fiestas de por si nos movilizan cosas, imaginemos lo difícil que puede ser simular estar bien para conformar a los demás. La exigencia social de tener que mostrar la mejor cara, porque es navidad encierra un peligro importante: bloquear nuestras emociones. No se trata de “si no te bancas a tal, bueno, aguanta por esa noche, para que yo me sienta bien”, sino de ponernos en contacto con aquello que en algún punto nos protege: nuestras emociones.
Nuestras emociones nos indican algo, nos avisan que algo está ocurriendo. El miedo nos dice que debemos alejarnos, el enojo que necesitamos poner un límite, la culpa que tenemos que reparar un daño que hicimos, y así sucesivamente. Al recordar esto notamos que a veces las fiestas se tornan aún más difíciles cuando tratamos de desconectarnos de lo que sentimos para estar con otros, así nomás, de manera forzada, inclusive muchas veces sin un vinculo significativo.
¿Y entonces que hacemos?, quizás puedan preguntarse ahora. Les diría que es fácil, o tal vez difícil. Lo que sería conveniente es poder conectarnos con nosotros mismos y plantearnos que queremos hacer, de que manera queremos disfrutar las fiestas y con quien. Habrá quienes sean realmente felices compartiendo estos momentos con sus familias, otros preferirán la compañía de sus amigos u otros referentes significativos. Lo que considero es importante aquí es ser dueños de nuestras propias decisiones, poder reflexionarlas, pero a la vez poder hacerlo sin negarnos a nosotros mismos lo que sentimos. No dejemos de observar lo que es importante para nosotros, no dejemos de plantearnos cuales son las personas que naturalmente nos hacen bien al relacionarnos con ellas. Tomemos decisiones, insisto, no porque el enojo o la tristeza del momento, sino que, frenemos, reconozcamos nuestro sentir, evaluemos que es lo mas conveniente e incluso, con un poco de intuición armemos nuestro plan para estos momentos tan significativos. En resumen, que la emoción no nos lleve puestos y que la razón no nos borre lo humano. Por la educación nos hemos acostumbrado a no mostrar lo que a otros pudiera molestarles, y eso está bien en algún punto, pero no cuando implica pasarla mal por decisiones de otras personas. Entonces podemos hacer algo, nos autocuidemos. La idea en parte es preservarse de aquellas personas que nos dañen y compartir aun mas de nuestro tiempo con aquellas que no generen estrés innecesario en nosotros. Considero que se nos tienen que encender algunas alarmas cuando alguien nos pide simular que estamos bien, o fingir agrado por personas por las que no sentimos agrado.
¡Ojo! Se que esto puede sonar pesimista, pero el planteo central aquí es: escucha lo que tus emociones te dicen, razona acerca de tus acciones, cuídate y compartí con tus seres queridos, aquellos con quienes tenés contacto genuino, no obligado. Seguramente de esa manera estas fiestas podrán ser una felices fiestas. Hasta otro momento, y gracias por leer…
Lic. Emanuel Gómez